Los errores de Fraga

A raíz de la muerte de Manuel Fraga Iribarne el pasado lunes 16 mucha gente ha hablado sobre su persona, la mayoría ensalzando su figura y participación durante la Transición Democrática y en la redacción de la Constitución. Y yo me pregunto: ¿es que la Memoria Histórica no cuenta cuando alguien a muerto, ¿es que hay que “hacer borrón” y alabarlo sí o sí porque ya no esté entre nosotros? Con este post quiero resaltar los mayores errores que el llamado “político eterno” cometió en sus respectivos ministerios y épocas, pues, como dice el tópico español, no siempre se van los mejores.

Manuel Fraga, formado en  Derecho, Ciencias, Política y Economía, comenzó a ocupar por oposición desde aproximadamente 1950 puestos de relevancia política e institucional, hasta que en el año 62 Franco le recompensó con el Ministerio de Información y Turismo.

Francisco Franco y Manuel Fraga estrechándose la mano

Desde entonces, la labor del ministro gallego fue defender el régimen y, a su vez, proponer reformas “aperturistas” necesarias para que la dictadura pudiese adaptarse a los cambios de la sociedad española; con esta posición, Fraga se convirtió en uno de los representantes del sector “reformista”. A pesar de esto, su ministerio se caracterizó por la represiva Ley de Prensa (1966) y por los intentos de limpiar la imagen internacional que del régimen se tenía.

Manifestaciones en contra de la detención de Grimau

En 1963, Manuel Fraga se vio envuelto en la polémica del dirigente comunista Julián Grimau, fusilado e indiscutiblemente víctima del Franquismo. Grimau, durante su retención, fue torturado, aunque Fraga declaró públicamente que el prisionero había recibido un trato exquisito y que las fracturas que presentaba se las había causado él mismo. Este caso llegó a la prensa internacional, que ensalzó las movilizaciones populares y criticó la actuación del régimen, razón por la cual el ministro Fraga, quien defendía fervientemente el asesinato, lanzó una intensa campaña contra la imagen de Grimau, presentándolo como un peligroso criminal. Tras el fusilamiento y durante la rueda de prensa convocada para justificar la ejecución, Fraga tuvo la poca vergüenza de calificar al fallecido de “ese caballerete”, sin ninguna pizca de respeto hacia la víctima.

Los crímenes de la dictadura se silenciaron con los Pactos de la Moncloa de 1977. Sin embargo, en 2002 Izquierda Unida propuso recuperar la memoria de Grimau (Proposición no de Ley sobre la rehabilitación pública y democrática de la figura de Julián Grimau), pero el Congreso la rechazó porque el Partido Popular se negó al considerar que con ello se abriría un proceso para revisar la Transición (lo que no le beneficiaba en nada). “Es duro que uno de los verdugos esté rehabilitado y la víctima no. A Fraga se le dio la oportunidad de presentarse a unas elecciones y ser un padre de la Constitución […]” fue lo que el diputado de IU Luís Carlos Rejón dijo ante la negación.

Otro caso “oscuro” en el que Fraga estuvo involucrado fue el del estudiante y militante antifranquista Enrique Ruano, asesinado con 21 años de edad por la policía política al ser arrojado por la ventana de un séptimo piso. Oficialmente, el crimen fue presentado como un suicidio -lo cual era imposible porque, en el momento del incidente, Ruano estaba custodiado por La Brigada de Franco-, ante lo cual las calles se llenaron de movilizaciones. Para limpiar la imagen del régimen, el ministro gallego ordenó al director del ABC que publicase citas manipuladas del diario de Ruano para que pareciese una persona inestable que se había quitado la vida. Parece ser que Fraga se atrevió a llamar por teléfono al padre de la víctima para amenazarle con detener a su otra hija antifranquista si no abandonaba las protestas.

En 1969 Fraga fue destituido del ministerio y se marchó para ejercer de embajador en el Reino Unido. Mientras desarrollaba allí este cargo, el gallego se dedicó a hacer “campaña política” en su favor, ya que se presentaba ante la opinión pública británica como el mejor presidente español por su visión aperturista y supuestamente democrática.

Fraga no regresó a España hasta la muerte de Franco, con toda la intención de convertirse en sucesor del caudillo. Y, después de todo, ¡el gallego va y se sorprende e incluso se encoleriza cuando el rey Juan Carlos no lo nombra líder del proceso reformista! Es sabido que Fraga, al no ser nombrado presidente, persuadió al rey a que le cediese la vicepresidencia y el Ministerio de la Gobernación. Desde este nuevo cargo, Fraga defendió la reforma política y el mantenimiento, fuese como fuese, del orden en las calles con el fin de impedir la expansión de la izquierda.

Durante la Transición Fraga continuó con “mano firme” ante la expansión de las huelgas y protestas de las fuerzas de izquierda, pues su mayor lucha fue contra el comunismo y el separatismo, considerados por él como los verdaderos enemigos de España. No está del todo claro si Fraga dijo o no la famosa frase “la calle es mía”, pero, tanto si lo dijo como si no, el orden (la represión) se aplicó. En Vitoria, la Policía Armada mató a tiros a 5 obreros que salían de la Iglesia de San Francisco de Asís, donde se habían reunido para dirimir los puntos de la huelga, e hirió a unas 100 personas. También en la ciudad vasca de Montejurra carlistas de ultraderecha dejaron dos muertos y varios heridos. A Fraga, como vicepresidente, se le atribuyó la responsabilidad de estos actos, por lo que su imagen como hombre reformista empezó a debilitarse. El Parlamento Vasco aprobó en 2008 una resolución reprobatoria de la actuación de Manuel Fraga.

Acontecimientos de Vitoria

En 1976 fundó Alianza Popular (germen del Partido Popular) y reunió bajo este partido a las fuerzas derechistas que creían en la democracia, “pero en la democracia con orden, con ley y con autoridad”.

Sorprende que, después de su ferviente y largo rechazo al separatismo, Manuel Fraga, como presidente de la Xunta de Galicia, impulsara la autonomía de su comunidad. ¡Tanto para nada!

Manuel Fraga fue el responsable político directo, como mínimo, de las muertes de Julián Grimau y de Enrique Ruano. Fraga nunca pidió perdón por sus errores, quedó impune de sus responsabilidades. Y no sólo vivió “feliz” hasta el último día de su vida, sino que pudo, entre otras cosas, presentarse a presidente, como si, orgulloso de sus actos, se sintiese un buen modelo a seguir. Manuel Fraga tuvo una vida que ni Grimau ni Ruano pudieron disfrutar.

Señor Fraga, descanse usted en paz, si su conciencia se lo permite.

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4 comentarios en “Los errores de Fraga

  1. Esto es lo que los medios de comunicación no nos cuentan y que de la historia se oculta. No me gusta el tópico de que cuando una persona muere todo son buenas palabras, evidentemente cada uno defenderá su postura; pero en España si estás a favor del bando que manda (no tengo que especificar cual es) te lloverán alabanzas cuando mueras. Hipocresía en estado puro.

    Enhorabuena por este pedazo de post! Se me han puesto los pelos de punta!

    • mariantristan dijo:

      Muchas gracias Juando! Eso era lo que pretendía con este post: hacer que os indignáseis ante las ocultaciones que del pasado hacen los “mandamases” de turno.

  2. rebecaaparicio dijo:

    Junto con el de Darfur, éste es tu post q más me ha gustado! Es impactante el silencio de los medios de comunicación tras su muerte ante los hechos. Como ya te comenté, es mucha la gente q lo ha alabado, ante mi sorpresa. Voy a publicar tu post en facebook, a ver si así la gente tiene, como mínimo, “una segunda opinión” sobre el tema.

    Lo q me ha gustado es q ofreces mucha información q no suele saberse y otra q directamente se omite… Y la redacción por supuesto genial. Deberían contratarte para q escribieras artículos en un periódico o revista!

    P.D. Deja de escribir tan bien, estás poniendo el listón demasiado alto para los demás! jajaja

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