Los enigmas de la “Gioconda”

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La Mona Lisa o Gioconda (“alegre” en italiano) es la obra de arte más famosa de todos los tiempos, en parte, por supuesto, por las grandes ‘comeduras de cabeza’ que ha dado a historiadores, investigadores, artistas, etc. desde que el gran Leonardo Da Vinci la pintara. Así pues, la importancia del cuadro reside, sobre todo, en los misterios que lo envuelven: quién fue realmente la modelo, si era un hombre o una mujer, la expresión de su rostro, la sonrisa, el posible embarazo y enfermedades…

Aunque parezca increíble la obra es asimétrica, es decir, que el lado derecho e izquierdo del paisaje no encajan, la imagen no sigue una continuidad; así pues, la parte izquierda del paisaje está más alta que la derecha, provocando que, cuando miramos a la dama desde la izquierda, nos resulte más alta y erguida.

Una restauración anterior muy agresiva ha provocado que cejas y pestañas desaparezcan del rostro. Giorgio Vasari, pintor y biógrafo de Leonardo, describió la perfección de las cejas en uno de sus textos, demostrando de esta forma que el italiano sí las pintó. Sin embargo, otros expertos opinan que nunca las dibujó porque realmente no acabó el lienzo o porque simplemente quería ‘dar que hablar’, es decir, que quería jugar con la ambigüedad del sexo de la figura.

La Mona Lisa tiene una peculiar sonrisa. Cuando el espectador mira directamente la sonrisa ésta parece que desaparece y si se fija la mirada en otras partes del lienzo, vuelve a aparecer. Para algunos no se trata de una simple sonrisa, si no que guarda tristeza y amargura.

Otro de los enigmas de la Gioconda es si estaba o no embarazada. Ambas manos reposan sobre la butaca -uno encima del otro-, dando la sensación de tranquilidad, pero también parece que las posa sobre el vientre, lo cual ha hecho pensar en un posible embarazo de la modelo. Además, algunos historiadores defienden que el velo transparente que lleva sobre la cabeza es un símbolo típico en la época de mujer embarazada -aunque para otros significa pureza y castidad-.

El Consejo Nacional de Investigaciones de Canadá llevó a cabo una imagen en 3D de la figura, lo que les ha llevado a afirmar que la dama estaba embarazada o acababa de dar a luz, entre otras cosas porque el vestido que lleva lo vestían las mujeres en cinta.

Recientemente, Julio Cruz Hermida -de la Universidad Complutense de Madrid- ha establecido que la modelo sufría de bruxismo (rechinar de dientes), alopecia y principios de Parkinson. Tito Franco, profesor de anatomía en Palermo, le ha diagnosticado xantelasma (pequeños tumores benignos de grasa alrededor de los ojos), síntoma de colesterol, y lipomas en las manos. Incluso se ha llegado a hablar de parálisis facial.

Pero lo que más teorías ha provocado a lo largo de la historia ha sido la identidad de la dama. Ya en 1550 Vasari escribió que Leonardo tenía el encargo del rico florentino mercader de textiles Francesco Bartolomeo, marqués del Giocondo, de retratar a su esposa. El erudito y mecenas Cassiano dal Pozzo, en el año 1625, identificó el nombre de la dama como Lisa Gherardini. A pesar de estos datos, Antonio de Beatis dijo en 1517 que se trataba de un encargo por parte del protector de Leonardo, Juliano II de Médicis, y que la modelo era su amante y madre de su hijo ilegítimo Hipólito; el retrato lo habría encargado para que Hipólito tuviese un recuerdo de su madre fallecida. Muchos defienden, sin embargo, que Beatis se refirió a otro lienzo y que la hipótesis derivada de Vasari es la verdadera. Por el contrario, algunos desconfían de la versión de Vasari y apoyan la de Beatis -como Roberto Zapperi en su libro Adiós, Mona Lisa-, pues escribió que Leonardo estaba pintando a “cierta dama florentina, pintada por el encargo del fallecido Giuliano de Médici…”. Otras hipótesis menos probables establecen que se trata de Constanza de Avalos -duquesa de Francaville-, de un adolescente vestido de mujer, de un autorretrato del pintor en versión femenina… e incluso de Isabel de Aragón.

La hipótesis de que la dama es en realidad un hombre deriva del comentario de Freud de que la obra transmitía demasiada masculinidad. Los estudios que apoyan la teoría de que la modelo es varón identifican al modelo como Gian Giacomo Caprotti, conocido como Salai, quien, además de su discípulo y ayudante, sería su joven amante.

En la Universidad de Heidelberg se descubrió en 2005 una nota del funcionario y conocido del artista Agostino Vespucci en el margen de un libro que confirmaba que la obra es un retrato de Lisa. Para estos expertos alemanes el misterio de la Gioconda está totalmente resuelto.

Por tanto, la explicación más aceptada es que el retrato fue un regalo de Francesco Bartolomeo del Giocondo a su esposa Lisa Gherardini, puede que por su segundo embarazo.

Conociendo la supuesta identidad de la modelo, se sabe con exactitud que nació en 1479 y que murió a los 63 años en el convento de Santa Úrsula, en Florencia. Desde 2011 y en la actualidad se están haciendo excavaciones en este convento con el fin de encontrar los restos de la famosa Mona Lisa.

Hoy en día la Gioconda se encuentra bastante deteriorada, ya que los escritos demuestran que el lienzo tenía colores claros y actualmente está oscurecido. La copia del Museo del Prado, realizada en el mismo taller mientras Leonardo Da Vinci pintaba el original, puede ayudar a imaginar el aspecto que tenía la obra.

¿Quién no viajaría al Museo del Louvre a admirar esta importantísima obra de arte y a preguntarse todos estos enigmas frente a su original, mirando directamente esos ojos que tantas historias ha generado? ¡Yo iría sin pensármelo dos veces!

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