¡A la caza de la bruja!

Los hechiceros no los dejarás vivir”. Así escribe la Biblia sobre la brujería, así llama a su persecución. La Cristiandad a lo largo de la historia ha pretendido erradicar por cualquier medio la herejía, entre ellas la llamada “ciencia de las brujas”.

El fenómeno de la caza de brujas marcó los inicios de la Época Moderna de la Europa Central y abarcó 3 largos siglos (1450-1750).

Quienes expandieron esta locura religiosa por Europa -especialmente por el Sacro Imperio Romano Germánico, Francia, Italia e Inglaterra- fueron Heinrich Kramer y Jacob Sprenger, dos inquisidores que escribieron el tratado de demonología Malleus Maleficarum (Martillo de las Brujas). Este manual, publicado en 1486, no sólo afirma la existencia de las brujas sino que explica cómo eran.

La característica principal de la brujería es el pacto con el Demonio a cambio de poderes sobrenaturales, como la capacidad de provocar maleficios y volar. Estas herejes acudían a ceremonias nocturnas -aquelarres- junto con otras pecadoras, momento en el que hacían orgías y practicaban el infanticidio y el canibalismo infantil.

“Aquelarre” de Goya

Y, ¿por qué en todo momento me refiero al mal como si fuese femenino? Pues porque el tratado señala que la brujería es de mujeres por ser éstas más débiles, crédulas y corruptibles, más receptivas a las influencias demoníacas y, simplemente, malignas y embusteras por naturaleza. Además, explica que las brujas son de edad avanzada, de 50 años, solteras o viudas y de los niveles más bajos de la sociedad. El actual estereotipo de bruja proviene de este tratado.

Pero esta idea de hechicería proviene de la Antigüedad, ya que los cristianos fueron acusados de practicar esta magia; más tarde, los condenados por hechicería serían los judíos. Por lo tanto, el Malleus Maleficarum tan sólo reúne estas antiguas creencias.

Sin embargo, el primer caso documentado de acusación de brujería a una mujer se produjo en Irlanda en 1324, mucho antes de la publicación del manual. Alice Kyteler era una mujer pudiente que levantaba envidias y que de sus numerosas nupcias derivó su fama de manipular a los hombres con conjuros. Su padre era banquero y, con su muerte, el negocio y las propiedades las heredó Alice. También heredó las riquezas de sus tres esposos fallecidos, pero el cuarto, ya moribundo, se adelantó y denunció su sospecha de brujería al obispo, quien confiscó todos sus bienes y los puso bajo autoridad secular. ¿Fue Alice una hechicera, la verdadera “bruja de Kilkenny”, o fue una excusa para que la Iglesia se enriqueciera todavía más?

Disputas entre familias, rumores, celos, envidias… eran los principales motivos para acusar. Tras la detención y encarcelamiento en las llamadas “torres de brujas”, se procedía al interrogatorio, donde la confesión era el fin primordial -pues no se podía condenar a nadie si no había confesado antes- y la tortura, el medio justificado. Pero lo más irreal eran las pruebas a las que eran sometidas para averiguar si eran o no hechiceras: introducir la mano en agua hirviendo, descenderla a un pozo en el que si se hundía era declarada inocente, andar sobre hierro ardiendo, comprobar si lloraba porque las brujas no pueden llorar, averiguar si pesaban más de 5 Kg. (las brujas no pesaban más porque tenían que poder flotar para volar), etc.

La detenida, una vez confesara que era una bruja -con el dolor de las torturas la mayoría afirmaba serlo-, era sometida a otro interrogatorio para denunciar a otras brujas, razón por la que los procesos eran interminables. Siendo bruja confesa y condenada, el ajusticiamiento común era la muerte por fuego, en la hoguera. Cuando pensamos en este castigo a todos nos viene a la mente la muerte de Juana de Arco, condenada, en parte, por brujería.

Juana de Arco en la hoguera

Las fuentes difieren acerca de la cantidad de mujeres -también hombres y niños- ajusticiadas durante la caza: 60 mil, 2 millones y 5 millones. Actualmente, se piensa que hubo 110 mil procesos y 60 mil ejecuciones, siendo pues más del 50% de las acusadas condenadas a muerte.

Los juicios de Salem

El caso de persecución de brujas más conocido -en gran parte por la obra de teatro Las brujas de Salem de Arthur Miller de 1955- es el de la comunidad de Salem, en Massachusetts, en 1692-93.

Durante ese período, entre 150 y 200 personas fueron encarceladas bajo la acusación de brujería, 26 de las que fueron a juicio fueron declaradas culpables y 19, condenadas a muerte.

Todo comenzó cuando un grupo de mujeres se dedicó a denunciar contactos demoníacos simulando estar hechizadas. El extremismo religioso de los habitantes de Salem les llevó a acusar indiscriminadamente a sus vecinos ante el tribunal cuando alguna conducta se alejaba de lo habitual. Lo principal para los puritanos era evitar la ira de Dios, puesto que su castigo se traducía en mal clima, pérdida de cosechas y muerte del ganado, desgracias que afectaban a toda la comunidad. Pero muchos defienden que esta locura derivó de la lucha por las propiedades, de complots familiares para destruir a otras familias rivales, etc. e incluso que la causa fue el ergotismo, es decir, las intoxicaciones.

La historia de Giles Corey es interesante. Este granjero fue acusado de brujería y, como no quiso declararse culpable, fue sometido a la tortura de la Tortuga. Corey murió, pero consiguió lo que quería: al no ser procesado por ningún crimen porque no se declaró culpable, sus propiedades no pasaron al estado.

Menos mal que aquellos tiempos pasaron y que la caza de brujas bajó de intensidad porque sino más de uno estaría ya hecho cenizas…

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4 comentarios en “¡A la caza de la bruja!

  1. Muy buen post, qué interesante.
    Siempre me ha parecido el mundo de la brujería fascinante, pero a la vez tan envuelto en leyendas, que nos cuesta reconocer la realidad histórica que se esconde bajo ellas. Tu entrada nos ayuda a conocer un poco más aquella triste realidad.
    El hecho de que hayan sobrevivido tan poderosamente en tantos cuentos infantiles me hace sospechar que las brujas tuvieron que inquietar sobremanera a las sociedades con las que convivían.
    Muy buen post, enhorabuena

    • mariantristan dijo:

      Como dices, muchísimos cuentos y leyendas que han llegado a nuestros días están inspirados en estos personajes, razón por la que debemos pensar que les tenían un pavor que hoy día podríamos calificar de irracional.
      Muchísimas gracias por tu aportación.

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