El Velázquez oriolano

Ni Nicolás de Villacis ni Alonso Cano, ¡Velázquez! La Tentación de Santo Tomás es un cuadro del gran Velázquez, aunque en un principio nadie apostaba por su autoría -su paternidad artística fue atribuida recientemente, hacia 1920-, porque ¿qué hace un lienzo de este famoso pintor español en una ciudad tan pequeña como Orihuela? Aunque todos sabemos la importancia que la ciudad experimentó en su pasado…

“La Tentación de Santo Tomás” de Velázquez, 1631-33

Orihuela tiene el privilegio de contar con este cuadro entre sus obras y no por casualidades históricas ni saqueos ni guerras. La Tentación de Santo Tomás fue pintado en 1631-33 expresamente para el Colegio de Santo Domingo de Orihuela, fue un regalo de la Corte española para aquellos oriolanos. Pero, ¿por qué el mismo rey de España Felipe IV quiso entregarle un obsequio tan espectacular a esta ciudad alicantina? Todo tiene una explicación.

En 1628 se reúne la Congregación de las Santas Iglesias Metropolitanas y Catedrales de Castilla y León en Madrid para repartir el subsidio de 420.000 ducados impuesto al clero por el Papa Pío IV. El representante de la Catedral de Orihuela acude a la reunión, sin embargo, por mandato papal, el Colegio de Santo Domingo quedaba excluido de ese subsidio. El Colegio envía a Madrid a finales de 1630 a fray Tomás de Rocamora para negociar y hacer frente al pleito contra la Catedral y el fiscal del rey.

Ya en febrero de 1631, fray Antonio de Sotomayor, confesor del rey entre otras cosas y encargado de dirigir el pleito, da sentencia a favor del Colegio. El Colegio de Santo Domingo, profundamente agradecido con su compañero de orden Antonio de Sotomayor, envía durante años regalos a la capital: confituras, mantequilla, agua de azahar, granadas, turrones… Pero “su deuda” con el confesor real persiste, por lo que el Colegio nombra a Antonio de Sotomayor a finales de 1631 protector del Colegio de Santo Domingo. El confesor real, agradecido por este nombramiento y demás elogios y regalos, pidió a Velázquez que confeccionase el Santo Tomás.

Colegio de Santo Domingo

Los oriolanos comprendieron desde un primer momento la importancia de la obra maestra que se les obsequiaba, tanto por su artista como por la procedencia -venía de la misma Corte- y el tema religioso tratado.

Tomás de Aquino sintió desde bien joven su vocación religiosa. Tras sus estudios en la Universidad de Nápoles, entra en contacto con los Padres Dominicos, entusiasmándose y queriendo ingresar en la orden de Santo Domingo. Desde el primer momento, su familia se opone e intenta por todos los medios cambiar su decisión, llegando sus hermanos a secuestrarlo y encerrarlo en el castillo de Rocaseca. No consiguen quitarle el hábito de dominico, así que le envían a una prostituta para tentarlo y hacerle pecar. El joven fraile la rechaza y la hace huir amenazándola con un tizón encendido que saca del fuego de la chimenea. En el cuadro de Velázquez, el tizón está en el suelo en un primer plano, con el que Santo Tomás, además de echar a la mujer de mala vida -a la que se ve salir despavorida de la estancia por la puerta del fondo-, traza una cruz en la pared.

Esa noche, Tomás de Aquino sueña que dos ángeles bajan del Cielo para entregarle una cinta blanca, símbolo de castidad y pureza. Este momento también queda reflejado en el lienzo: el ángel de la túnica anaranjada sostiene al fraile en su desmayo mientras el otro ángel vestido de rosa prepara el cinto blanco para ceñírselo.

Velázquez se arrepintió de vestir al ángel de la izquierda con una túnica que cubría todo el suelo, por lo que rectificó este aspecto y se la pintó cayendo de forma recta. El artista no se preocupó mucho por cubrir este “error”, pues se ve perfectamente el primer trazo que hizo de la túnica.

“Arrepentimiento” de Velázquez

La Tentación de Santo Tomás, tras estar durante siglos en el Salón de Grados de la Universidad, en el Palacio Episcopal y más recientemente en la sacristía de la Catedral, hoy en día se halla en el restaurado Palacio convertido en Museo Diocesano de Arte Sacro de Orihuela.

Si todavía no conoces este Velázquez, ¡haz una escapada a Orihuela y su museo! Quizás sólo así comprendas porqué el confesor Antonio de Sotomayor regaló esta maravilla a tan maravillosa ciudad.

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8 comentarios en “El Velázquez oriolano

  1. Muy interesante y fundado el artículo sobre el cuadro de Velázquez y la apasionante -y sintomática- anécdota de la vida de Tomás de Aquino. Después de todo el concepto de “materia” en el “doctor angélico” es todavía muy rudimentario. Para él cuanto menos dotado de materia está un ser, más superior puede ser considerado. Incluso el entendimiento, de raigambre divina y recolector de las formas o species, no posee un órgano en el cuerpo…He enlazado tu artículo con el tema sobre la filosofía del teólogo de Aquino, dentro del programa de segundo de bachillerato. Gracias. Un saludo de Ernesto García.

  2. He dado muchas vueltas a este cuadro. Como otros, por ejemplo el famoso de Benozo Gozzoli, los empleo en clase como introducción al análisis y al autor. Y con respecto al “Velázquez oriolano” albergo una duda de la que me es difícil desprenderme: la imagen de la “mujer de mala vida” que se escapa por la esquina superior izquierda es la que me ocasiona la duda. Fijémonos en la cara: ¿es esta la faz de una mujer bella para Velázquez? Más bien parece una muñeca, incluso la cara infantil de una niña con un peinado verdaderamente irreal…Siempre he admirado su cuadro “Las hilanderas”, y en él encontramos una cara de frente -de una mujer mayor- junto a otras dos de lado; observemos la primera por la derecha. Ésta si es una mujer real, y nítidamente bella aunque su plástica impresionista no nos deje detalles.¿Se parece algo esta cara de doncella a la del cuadro sobre Tomás de Aquino? Sinceramente, podemos seguir comparando y no creo que sea asumible por la firma de Velázquez la citada mujer en fuga. Incluso si, dentro del cuadro, comparamos a la mujer tentadora con las caras de los ángeles, éstos, a pesar de su androginismo, son más bellos y reales que la seductora…En fin, es sólo una intuición. Un saludo de Ernesto.

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