Historia y evolución del MUSEO

El ICOM (Consejo Internacional de Museos) definió en 1974 el museo como “una institución sin fines de lucro, un mecanismo cultural dinámico, evolutivo y permanentemente al servicio de la sociedad urbana y a su desarrollo, abierto al público en forma permanente que coordina, adquiere, conserva, investiga, da a conocer y presenta, con fines de estudio, educación, reconciliación de las comunidades y esparcimiento, el patrimonio […]. En años siguientes se fueron añadiendo más detalles a esta definición clásica, como que también hay un fin de protección, de promoción científica y cultural, y de disfrute.

Museo del Louvre

Pero no siempre hubo museos tal y como hoy los entendemos, con la función de compromiso con la sociedad, sino más bien colecciones privadas pertenecientes a las élites, movidas éstas por el afán de poseer objetos admirados y, por ende, prestigio. ¿Cómo evolucionaron estas colecciones?, ¿por qué el ser humano comenzó a acumular arte?, ¿cuál fue el primer museo de la historia?

En el Antiguo Egipto, las tumbas halladas dentro de las pirámides pueden considerarse pequeños museos en tanto que acumulaban objetos, inscripciones, etc., aunque esta reunión de bienes tenía un fin simbólico relacionado con “el más allá”.

Las primeras colecciones consistían en la acumulación de los tesoros conseguidos en saqueos de guerra. La exposición pública de tesoros más antigua de la que se tiene constancia se remonta al 1176 a. C. y mostraba las piezas saqueadas por los hititas en Babilonia. Una de las colecciones más importantes de la época, también en Babilonia, fue la del Palacio de Nabucodonosor, el llamado “Gabinete de Maravillas de la Humanidad”.

El coleccionismo tuvo su verdadero origen en Grecia. El término museion -del cual deriva la palabra “museo”- se aplicaba tanto a las escuelas filosóficas y científicas como a los santuarios dedicados a las Musas. En el siglo V a. C., Pericles dotó a la Acrópolis de Atenas de una pinakotheke. Ambas instituciones son consideradas precedentes del museo moderno.

El Museión es el gran centro cultural de enseñanza libre e intercambio de conocimientos del Museo de Alejandría, fundado en el 285 a. C. El complejo estaba formado por la famosa biblioteca, por salas de conferencias, laboratorios y observatorios donde se comentaban textos, se investigaba, se impartían clases…

Villa Adriana

En la gran época de Roma, el coleccionismo de piezas artísticas procedentes aún de botines de guerra empezó a considerarse un símbolo de prestigio social, siendo éstas ahora de carácter privado. La aristocracia exponía las piezas en sus casas o jardines y las enseñaba con gran orgullo. Un ejemplo es la colección de la Villa Adriana en Tívoli, donde el emperador Adriano y sus sucesores reunieron esculturas expoliadas formando una especie de museo al aire libre. Sin embargo, el término romano museum continúa designando a lugares donde se llevan a cabo discusiones filosóficas.

Interior de la Basílica de San Marcos

Es el clero el que, durante la Edad Media, se hace cargo de los denominados “tesoros eclesiásticos”, compuestos de piezas litúrgicas y demás bienes espirituales. De esta forma, las iglesias se convierten en museos públicos y populares -pues están financiados por el pueblo- donde se protegen y exhiben obras artístico-religiosas. Ejemplos de estas colecciones son los tesoros de Carlomagno, el de la Basílica de San Marcos en Venecia y los derivados del saqueo de las Cruzadas.

El cambio aparece cuando se empieza a valorar el objeto en sí mismo y no por el mensaje (religioso) que trasmite al público, y cuando se adquiere un mayor gusto por lo profano. Las obras comienzan a independizarse del edificio que las acoge, de las iglesias, y a adquirir un fin comercial, expandiéndose así el mercado del arte.

Durante el Renacimiento, las colecciones dan un enorme prestigio social y económico, de ahí que cobren tanta importancia las familias de mecenas italianas, como los MédiciEl duque Cosme I de Médici encargó en 1559 la construcción de los Uffizzi. Muchos expertos lo consideran el primer edificio creado con la finalidad de museo, que incluso preveía guías para los turistas, pero los Uffizi no llegaron a convertirse en una institución pública.

En el caso francés, Francisco I, fascinado por el Renacimiento italiano, se interesó en poseer antigüedades clásicas y pinturas, y en reunirlas en la colección del Palacio de Fontainebleau.

Durante los siglos XVI y XVII, época de los grandes descubrimientos, aparecen en Centroeuropa las “Cámaras artísticas”, consideradas antecesores directos de los patrimonios artísticos nacionales de las Asignar imagen destacadaCasas Reales, donde se originan los grandes museos europeos. En estos cuartos se exponían bajo una ordenación, inventariado y catalogación objetos extraños procedentes de las exploraciones.

La nueva posición de la burguesía le permite a ésta acceder al coleccionismo, rompiéndose así el monopolio del arte -hasta entonces en manos del clero, de la monarquía y de la aristocracia-. El nuevo arte burgués y laico genera la “Pintura de Gabinetes”, pequeñas habitaciones cuyos muros están totalmente cubiertos de pinturas y esculturas.

Pintura de Gabinetes: “El archiduque Leopoldo Guillermo en su galería de pinturas en Bruselas” David Teniers II, 1651

Para los especialistas, el primer museo-institución de carácter público es el Ashmolean Museum de Oxford de 1683. El museo tenía una normativa administrativa, de catalogación, inventariado y conservación, estableció las horas de visita, las tarifas de entrada, etc. Sin embargo, se considera una experiencia aislada.

La Revolución francesa produce una transformación ideológica en los siglos XVIII-XIX que también se refleja en el coleccionismo. Con la reivindicación por parte del pueblo de soberanía nace un nuevo concepto de patrimonio público: “dar al pueblo lo que le pertenece”, es decir, que el pueblo debe disfrutar de los bienes artísticos. La creación de las Academias de Arte, los descubrimientos arqueológicos de Pompeya y Herculano, la fundación de las primeras grandes casas de subastas y la aparición de los primeros tratados de Museología también impulsaron esta nueva idea.

El acontecimiento más importante en materia museística fue la apertura en 1793 del Museo de la República (del Museo del Louvre), en el que se exponían los bienes de la corona que habían sido nacionalizados, que habían pasado de manos privadas a ser usufructo del pueblo francés.

Antiguo Museo de la República (Museo del Louvre)

Este primer museo nacional público provocó la creación y expansión de muchos otros por toda Europa a lo largo del siglo XIX.

Y de esta forma el pueblo pudo considerarse “dueño” del arte y pudo disfrutar de él libremente, pues el museo se puso al servicio de y se comprometió con la sociedad.

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Los enigmas de la “Gioconda”

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La Mona Lisa o Gioconda (“alegre” en italiano) es la obra de arte más famosa de todos los tiempos, en parte, por supuesto, por las grandes ‘comeduras de cabeza’ que ha dado a historiadores, investigadores, artistas, etc. desde que el gran Leonardo Da Vinci la pintara. Así pues, la importancia del cuadro reside, sobre todo, en los misterios que lo envuelven: quién fue realmente la modelo, si era un hombre o una mujer, la expresión de su rostro, la sonrisa, el posible embarazo y enfermedades…

Aunque parezca increíble la obra es asimétrica, es decir, que el lado derecho e izquierdo del paisaje no encajan, la imagen no sigue una continuidad; así pues, la parte izquierda del paisaje está más alta que la derecha, provocando que, cuando miramos a la dama desde la izquierda, nos resulte más alta y erguida.

Una restauración anterior muy agresiva ha provocado que cejas y pestañas desaparezcan del rostro. Giorgio Vasari, pintor y biógrafo de Leonardo, describió la perfección de las cejas en uno de sus textos, demostrando de esta forma que el italiano sí las pintó. Sin embargo, otros expertos opinan que nunca las dibujó porque realmente no acabó el lienzo o porque simplemente quería ‘dar que hablar’, es decir, que quería jugar con la ambigüedad del sexo de la figura.

La Mona Lisa tiene una peculiar sonrisa. Cuando el espectador mira directamente la sonrisa ésta parece que desaparece y si se fija la mirada en otras partes del lienzo, vuelve a aparecer. Para algunos no se trata de una simple sonrisa, si no que guarda tristeza y amargura.

Otro de los enigmas de la Gioconda es si estaba o no embarazada. Ambas manos reposan sobre la butaca -uno encima del otro-, dando la sensación de tranquilidad, pero también parece que las posa sobre el vientre, lo cual ha hecho pensar en un posible embarazo de la modelo. Además, algunos historiadores defienden que el velo transparente que lleva sobre la cabeza es un símbolo típico en la época de mujer embarazada -aunque para otros significa pureza y castidad-.

El Consejo Nacional de Investigaciones de Canadá llevó a cabo una imagen en 3D de la figura, lo que les ha llevado a afirmar que la dama estaba embarazada o acababa de dar a luz, entre otras cosas porque el vestido que lleva lo vestían las mujeres en cinta.

Recientemente, Julio Cruz Hermida -de la Universidad Complutense de Madrid- ha establecido que la modelo sufría de bruxismo (rechinar de dientes), alopecia y principios de Parkinson. Tito Franco, profesor de anatomía en Palermo, le ha diagnosticado xantelasma (pequeños tumores benignos de grasa alrededor de los ojos), síntoma de colesterol, y lipomas en las manos. Incluso se ha llegado a hablar de parálisis facial.

Pero lo que más teorías ha provocado a lo largo de la historia ha sido la identidad de la dama. Ya en 1550 Vasari escribió que Leonardo tenía el encargo del rico florentino mercader de textiles Francesco Bartolomeo, marqués del Giocondo, de retratar a su esposa. El erudito y mecenas Cassiano dal Pozzo, en el año 1625, identificó el nombre de la dama como Lisa Gherardini. A pesar de estos datos, Antonio de Beatis dijo en 1517 que se trataba de un encargo por parte del protector de Leonardo, Juliano II de Médicis, y que la modelo era su amante y madre de su hijo ilegítimo Hipólito; el retrato lo habría encargado para que Hipólito tuviese un recuerdo de su madre fallecida. Muchos defienden, sin embargo, que Beatis se refirió a otro lienzo y que la hipótesis derivada de Vasari es la verdadera. Por el contrario, algunos desconfían de la versión de Vasari y apoyan la de Beatis -como Roberto Zapperi en su libro Adiós, Mona Lisa-, pues escribió que Leonardo estaba pintando a “cierta dama florentina, pintada por el encargo del fallecido Giuliano de Médici…”. Otras hipótesis menos probables establecen que se trata de Constanza de Avalos -duquesa de Francaville-, de un adolescente vestido de mujer, de un autorretrato del pintor en versión femenina… e incluso de Isabel de Aragón.

La hipótesis de que la dama es en realidad un hombre deriva del comentario de Freud de que la obra transmitía demasiada masculinidad. Los estudios que apoyan la teoría de que la modelo es varón identifican al modelo como Gian Giacomo Caprotti, conocido como Salai, quien, además de su discípulo y ayudante, sería su joven amante.

En la Universidad de Heidelberg se descubrió en 2005 una nota del funcionario y conocido del artista Agostino Vespucci en el margen de un libro que confirmaba que la obra es un retrato de Lisa. Para estos expertos alemanes el misterio de la Gioconda está totalmente resuelto.

Por tanto, la explicación más aceptada es que el retrato fue un regalo de Francesco Bartolomeo del Giocondo a su esposa Lisa Gherardini, puede que por su segundo embarazo.

Conociendo la supuesta identidad de la modelo, se sabe con exactitud que nació en 1479 y que murió a los 63 años en el convento de Santa Úrsula, en Florencia. Desde 2011 y en la actualidad se están haciendo excavaciones en este convento con el fin de encontrar los restos de la famosa Mona Lisa.

Hoy en día la Gioconda se encuentra bastante deteriorada, ya que los escritos demuestran que el lienzo tenía colores claros y actualmente está oscurecido. La copia del Museo del Prado, realizada en el mismo taller mientras Leonardo Da Vinci pintaba el original, puede ayudar a imaginar el aspecto que tenía la obra.

¿Quién no viajaría al Museo del Louvre a admirar esta importantísima obra de arte y a preguntarse todos estos enigmas frente a su original, mirando directamente esos ojos que tantas historias ha generado? ¡Yo iría sin pensármelo dos veces!